Un buen día al aire libre puede ser como un bálsamo para el alma. Como seres humanos, nos sentimos atraídos de forma natural por el sonido del agua en la orilla, el canto de los pájaros y la sensación de la tierra fresca bajo nuestros pies. Pero, ¿qué ocurre exactamente en nuestra mente y nuestro cuerpo cuando intentamos conectar más con la naturaleza? Durante los próximos meses analizaremos las razones científicas que explican los cambios positivos en la salud física y mental que experimentamos al interactuar con el mundo natural, ¡empezando por la jardinería!
El movimiento, la estimulación sensorial y la exposición a la luz solar que proporciona la jardinería favorecen la producción de un neurotransmisor esencial llamado serotonina, responsable de regular el estado de ánimo y de fomentar la sensación de alegría y concentración. Un nivel bajo de serotonina puede manifestarse en forma de confusión mental, irritabilidad y cansancio persistente.
La amígdala es la región del cerebro que procesa las emociones. A menudo se la denomina el «centro del miedo» del cerebro por la forma en que alerta al tronco encefálico y al hipotálamo si se detecta alguna amenaza. La amígdala recoge la información sensorial y la asocia con resultados positivos o negativos en función de experiencias previas, y utiliza esos sentimientos para influir en la toma de decisiones. Muchos pensamientos de ansiedad y depresión provienen de la amígdala, que suele actuar en colaboración con la corteza prefrontal, el centro del cerebro encargado de la claridad y el control.
Las tareas de jardinería que implican realizar una misma actividad repetitiva una y otra vez, como plantar, podar, quitar malas hierbas y regar, calman la amígdala y activan la corteza prefrontal. Una sensación de claridad y control inunda tu mente, interrumpiendo la espiral de ansiedad y los bucles de pensamientos depresivos. Cuando terminas la tarea, los niveles de dopamina (la sustancia química de la motivación y la recompensa) se disparan y te sientes feliz por haber completado una jornada de trabajo satisfactoria, sobre todo cuando ha requerido mucho esfuerzo.
Reserva un rato cada semana para estar en el jardín; ¡tu cerebro te lo agradecerá!