Colibríes en el parque Weslyn

¡Nada evoca mejor la «primavera» que los nidos de colibríes! Durante una visita rutinaria al parque Weslyn, en Sunbridge (Florida), nuestros amigos de Cherrylake Landscaping se fijaron por casualidad en dos diminutos nidos en las ramas de un arce. Estos nidos son tan pequeños —por lo general, miden poco más de una pulgada de diámetro— que para la mayoría de la gente resulta casi imposible detectarlos. Hay diecisiete especies de colibríes que se reproducen en Norteamérica y a cada una le gusta construir sus nidos de formas ligeramente diferentes, dependiendo de los materiales disponibles, el tamaño de las aves adultas y la proximidad a fuentes estables de alimento y agua. Sin embargo, todos estos nidos tienen el mismo propósito: crear una estructura lo suficientemente resistente como para durar toda la temporada de cría y lo suficientemente flexible como para expandirse a medida que las aves crecen. 

Las hembras son las encargadas de construir los nidos, y dedican horas al día, durante un máximo de siete días, a construir estas pequeñas viviendas compactas y aterciopeladas, utilizando ramitas y hojas para la base, seda de araña para mantenerlo todo unido y fijarlo a un soporte, y fibras vegetales muy finas, líquenes y musgo para camuflar el nido y hacer que las paredes sean elásticas y acogedoras, lo que permite el crecimiento de las crías. Prefieren con creces construir sus nidos en árboles o arbustos en lugar de en cajas nido o cavidades de árboles. 

Un huevo de colibrí tiene el tamaño de una gominola y el periodo total desde la puesta hasta que la cría abandona el nido es de unas tres o cuatro semanas. Una vez que les han crecido todas las plumas y han aprendido a volar, abandonan el nido y no vuelven. Para entonces, el nido ya ha perdido su forma y no se puede volver a utilizar, por lo que la madre construirá otro. Los colibríes suelen vivir entre tres y cinco años, aunque en contadas ocasiones se han dado casos de ejemplares que han vivido más de diez años.

En Estados Unidos es ilegal tocar, retirar o desplazar un nido de colibrí activo. Si se descubre uno, lo más recomendable es observarlo desde la distancia con la ayuda de prismáticos o un telescopio terrestre. De este modo se reducirá la posibilidad de causar molestias y se evitará alertar inadvertidamente a posibles depredadores, como gatos, halcones o búhos, sobre su ubicación. Para ayudar a proteger los nidos, planta flores autóctonas que produzcan néctar en zonas cercanas alejadas del tráfico intenso, proporciona fuentes de agua limpia y evita el uso excesivo de pesticidas. 

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